Por azares del destino y de las caprichosas redes sociales, la mexicana Rubí Ibarra se convirtió en la quinceañera más famosa del mundo en 2016 y miles de personas acudieron a su fiesta.

A solo meses de cumplir años y alejada de la marabunta mediática, la joven no renuncia a sus sueños. “Quiero seguir en la música, seguir cantando. Algún día componer mi propia música. Este sería un gran sueño que yo tengo, dar un mensaje positivo para todas las personas”, cuenta a EFE la joven a casi tres años de esta multitudinaria e inesperada fiesta en el corazón rural del céntrico estado mexicano de San Luis Potosí.

Con una madurez impropia de su edad, Rubí cumplirá este 31 de agosto la mayoría de edad fortalecida por la locura que vivió en diciembre de 2016, cuando la invitación por vídeo a su fiesta de 15 años en el diminuto poblado de La Joya se subió a las redes y rápidamente se viralizó.

El día del evento, el 26 de diciembre, varios miles de personas acudieron a la cita provenientes sobre todo de México y Estados Unidos, en un fenómeno sin precedentes a medio camino entre el homenaje a la menuda chica, ajena por completo a la farándula, y la broma colectiva.

“No recuerdo mucho, solo que bailé el vals y la gente estaba muy feliz. Vi a mucha gente y me agobié”, rememora la muchacha, que consideró que pese a toda la vorágine de esos días pudo “sobrellevar la situación”. Pese a la locura de aquel día, la experiencia fue para ella “increíble”.

Llegó a viajar a Los Ángeles (EE.UU.) y conocer “muchas personas famosas”. Pero el globo se desinfló rápido. Y pese a que ella apareció varias veces más en televisión, hizo alguna campaña publicitaria y ha publicado varias canciones como Contéstame -que acumula más de medio millón de visitas en YouTube-, pronto volvió a la rutina propia de una adolescente.

“Lo primero es estudiar”, dijo a Efe su madre, Ana Elda García. Y así ha sido, Rubí vive ahora en Matehuala, el municipio más poblado de su zona de San Luis Potosí, donde tiene la escuela y este año espera terminar la preparatoria. En un futuro, consciente de las dificultades de triunfar en el mundo artístico, no descarta estudiar para ser dentista. “Me he dedicado a estudiar, a prepararme porque para mí es lo principal e importante”, dijo Ibarra, quien no por ello abandona su sueño artístico, con sus padres co